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  • Un estudio sobre “Marble Hornets” (I): elementos técnicos y convencionalismos

    Hace tiempo que quería dedicarle a este blog una entrada a “Marble Hornets”, mi serie favorita de internet que acaba de volver con un nuevo episodio. La falta de tiempo me ha llevado a cumplir esto a partir de las notas que tomé en una segunda revisión de la serie, tras empaparme de ella por lo fascinante que me resultaba la iniciativa: un producto amateur, lleno de ingenio, que aprovechaba todos los recursos de un medio interactivo y que jugaba constantemente con la atención del espectador. De esos apuntes he sacado los elementos más técnicos o aquellos puntos comunes que enlaza la serie con los convencionalismos habituales del terror. Gaurdo una entrada acerca de su interactividad para un futuro donde pueda dedicarle el tiempo que necesita.

    Sobra decir que es imprescindible haberse visto la serie para entender en su totalidad estos apuntes. Tómense su tiempo y disfrutenla, que no lo lamentarán en absoluto: desde su canal de youtube pueden seguir las entradas en orden numérico y cronológico, así como las respuestas en vídeo del misterioso totheark, o seguir el Twitter del protagonista. Si aún así hay piezas del puzzle que quedan por encajar, este hilo de Something Awful, donde la serie tuvo una enorme repercusión, es sumamente interesante (¡1ue sus más de 200 páginas no les asusten!) para unir los puntos que quedan y apreciar la respuesta del público ante cada video, empezando por análisis pormenorizados de imagen y sonido de cada uno de ellos y todo un fenómeno fan que crece cada día.

    Y ahora sí, una vez que hayan descubierto su miedo a los tipos altos con traje y bajo su propia cuenta y riesgo, doy rienda suelta a esos apuntes.

    ***********SPOILER ALERT***********

    VENTAJAS E INCONVENIENTES DE LA CÁMARA SUBJETIVA

    El uso de la cámara como observador subjetivo alcanza su principal popularidad ante el enorme éxito de “El proyecto de la bruja de Blair” (1999) y su enorme rentabilidad. Su uso nos proporciona mucho realismo como documento encontrado, así como la manera en la que los márgenes del encuadre nos impiden conocer de un modo más general el entorno o la acción, privándonos de un conocimiento completo de la historia y disparando nuestra imaginación. Sin embargo, nos encontramos ante la disyuntiva de tener que justificar la presencia de la cámara y su uso constante, ya sea a través de la exigencia de una reportera (“Rec”), de que se ha predispuesto así como un show en directo (“Ghostwatch”) o de su utilidad como prueba de los hechos (“Paranormal Activity”); nos resulta muy difícil creer que un operador va a continuar grabando en según qué situaciones.

    “Marble Hornets” resuelve esa situación con inteligencia: en primer lugar, lo que presenciemos sea un material subido por un narrador que se reencuentra con unas cintas de las que se había olvidado. Eso significa que hay un intermediario entre el material original y la forma a la que accedemos a él, lo que le dota de verosimilitud. Luego, ese material resulta ser parte de un proyecto de film estudiantil, lo que justifica tanto el amateurismo de lo que vemos como la constante grabación. Cuando sabemos que el director de esa película empieza a obsesionarse con grabarlo todo, la cámara ya no es sólo un medio, sino un instrumento más de la historia. Luego, el propio narrador se convierte en un personaje más y decide hacer sus propias grabaciones, y el encuentro de más material o la constante presencia de The Slender Man, así como la revelación de hechos que el narrador no recuerda haber protagonizado, se tornan cruciales. De ese modo, “Marble Hornets” no sólo justifica la presencia de la cámara, si no que juega con ella como elemento activo. En una sociedad saturada de información, tenemos un medio que nos permite algo aterrador: desconocer lo que está pasando.

    LOS ELEMENTOS FORMALES

    Este uso de la cámara proporciona una serie de elementos técnicos que facilitan la atmósfera inquietante, estos son algunos de los más destacables:

    - La distorsión visual. Por algún motivo, en momentos muy concretos, una línea de distorsión aparece en la parte inferior de la imagen. Este recurso parece ser un aviso de la presencia de The Slender Man o cualquier otro fenómeno paranormal en las cercanías de la cámara. Algo inherente al resto de películas semejantes, como se pudo ver en “Ghostwatch” (1992) o “La cuarta fase” (2010). El Mal parece que no quiere ser retratado y hace lo posible para evitar dejar rastro.

    - La distorsión sonora. No solo la misma, que parece afectar en el mismo grado que la distorsión visual; si no su ausencia, que nos priva de información y hace más escalofriante la serenidad de algunas imágenes. El hecho de que algunos de esos elementos sean posteriormente recopilados en una cuenta de Youtube distinta nos habla de un “robo” intencionado de esas pistas de sonido. En los últimos vídeos contamos, además, con una distorsión fruto de la ganancia de audio, lo que genera un ruido mucho más cotidiano, asociado a lo amateur, y por tanto, más creíble.

    - Paneos de cámara. Los paneos y los movimientos de cámara son sospechosos. Tanto en “Rec” como en “La cuarta fase” podemos ver movimientos circulares de la cámara sobre su propio eje, a la espera de que la vuelta completa nos muestre algo que hemos eludido. Este recurso también fue usado con inteligencia por David Lynch en el piloto europeo de “Twin Peaks”, donde el paneo a la habitación de Laura Palmer cuando su madre sube a buscarla, no parece mostrar nada significativo, pero en una repetición detectamos la presencia de Bob, su asesino. Aquí los paneos vienen justificados ya por los ensayos de rodaje como por el movimiento de cámara que busca retratar todo el entorno de la acción, con el fin de dejar constancia de los hechos que atraviesan los protagonistas.

    - Composiciones muy abiertas. Siguiendo la máxima de Antonioni según la cual las ausencias se constituyen en el umbral, podemos decir que las composiciones abiertas condicionan al espectador a esperar que algo ocupe esos espacios vacíos, ya que la información tiene que llenar la pantalla. Esas composiciones de plano descompensadas nos resultan tan molestas tanto por su desequilibrio como por el suspense que crea el no estar justificado a menos que algo aparezca para llenarlo.

    - Composiciones muy cerradas. El efecto contrario nos habla de nuevo del umbral, en este caso, de aquellos puntos donde nuestra visión tiene un punto ciego. Al no poder huir de los márgenes que conforman el plano, hemos de esperar que cualquier cambio en esos márgenes nos haría esperar algo nuevo. Un zoom desde un plano detalle a un plano más general aporta toda una nueva información lateral que puede resultar amenazadora. El hecho de desconocer toda esa información en la que la cámara no está prestando atención nos predispone para el susto.

    - Desenfoques. Ya no solo como un recurso práctico para ocultar la ausencia de medios, como podría ser el verdadero aspecto de The Slender Man, si no que supone, de nuevo, una ausencia de información. Otro motivo menos obvio es que inconscientemente asociamos el desenfoque con nuestra propia visión, con la pérdida de la vista o incluso con la asfixia. Todo ello genera una serie de imágenes borrosas que no se perciben del todo, similar al uso de la niebla en las películas de terror más clásicas.

    - Distorsiones magnéticas. Más allá de la distorsión clásica, hay una serie de distorsiones – cuyo nombre aquí no es el correcto, pero dejémoslo estar – que crean unos patrones de imagen que afectan a toda la información visual y no solo a parte de ella, creando un aspecto azaroso de formas, colores y sombras que nuestra mente, inconscientemente, reorganiza. El motivo de esto es un fenómeno conocido como pareidolia, generalmente asociado a buscar rostros en lo que no dejan de ser elementos sin patrón definido. La pareidolia también se manifiesta cuando, en la interactividad de gente que participa en este ARG, se buscan supuesta apariciones de The Slender Man que no tienen porqué ser tales.

    - Intertítulos. La intervención del narrador por medio de intertítulos cobra una relevancia importante. Es nuestra comunicación con lo que creemos, en un principio, un intermediario objetivo, que comenta con nosotros los descubrimientos que va haciendo y actúa como un detective. Los intertítulos están bien elegidos, siendo frases escuetas, en lenguaje claro, y con ausencia de sonido. Eligiendo el blanco sobre negro resulta más convencional de lo debido. Pero es en su ritmo donde va creando su mejor trabajo: son más inmediatos en los primeros videos, para resultar exageradamente lentos en el último, lo que además provoca la sensación de que pueden interrumpir la acción en cualquier momento, y no solo como convencionalmente aceptamos al principio y final del vídeo; y desconocemos su duración, con lo que cada nueva frase puede llevarnos a otra, pero también de vuelta a la acción, lo que los hace imprevisibles e interrumpen , agotando nuestra paciencia y generando tensión.

    LOS ELEMENTOS NARRATIVOS

    Aunque algunos de los elementos a los que nos referimos aquí no son exclusivos de “Marble Hornets”, conviene tenerlos en cuenta por el buen uso que demuestran para crear atmósfera, pese a que se traten de conceptos asociados a la cultura popular.

    - Pérdida de la razón. Muy apropiado en correspondencia con la literatura de Poe y Lovecraft, tenemos a un personaje que poco a poco va perdiendo la razón, lo que resulta una amenaza para nosotros. La idea de que haya visto algo que le ha perturbado de esa forma nos avisa de que podemos ver algo que nos produzca el mismo efecto. Cuando el narrador también empieza a tener problemas de memoria, paranoia y serias dudas sobre lo que está ocurriendo, se convierte en un narrador no fiable.

    - Narrador intermediario. El narrador ejerce aquí como un intermediario objetivo que primero funciona como mensajero y luego va tomando relevancia. El hecho de que poco a poco se defina como un narrador no fiable en función del visionado de las cintas es un paralelismo con el propio espectador, que de algún modo, podría ser “el siguiente” en sufrir las consecuencias. De un modo similar a la secuencia final de “En la boca del miedo” (1995) donde se nos revela que la película que ha llevado a la gente a la locura es la misma película que hemos estado viendo desde el principio, algo similar a la cinta de “The ring” (1998). El narrador se gana primero nuestra confianza y nos resulta empático.

    - Justificación de la grabación. Toda la presencia de la cámara y las cintas tiene una justificación en el argumento y además juega un papel importante. La figura de The Slender Man parece atraída (¿o repelida?) por la presencia de las cámaras, lo que otorga un punto de acción a la propia cámara que se transmite al espectador. Y mientras por una parte genera credibilidad, lo artificial (por fantástico) de la propuesta funciona como un contraste muy perturbador.

    - Found footage. El manuscrito encontrado, o el mensaje en la botella, no sólo aporta verosimilitud, si no que habla de cómo la historia sobrevive a sus protagonistas. Es la manera en la que refuerza la importancia del mensaje en sí, el hecho de estar asistiendo a un documento único, a algo que nadie más ha visto o captado antes. En este caso, no es que nosotros encontremos las cintas, si no que otro, el narrador, las encuentra y las sube a su gusto. A su vez, nosotros encontramos las cintas del narrador, lo que refuerza el hecho de estar ante algo excepcional, y por tanto, le dota una atmósfera particular.

    - Línea de acción. Cada vídeo o entrada contiene una línea de acción definida: es un ensayo con los actores, una entrevista, un viaje a la casa, una búsqueda de localizaciones… esa diversidad y especialización de las acciones crea variedad y le dota de un sentido narrativo más clásico que el típico falso plano secuencia, donde la acción transcurre continua y en localizaciones muy similares, lo que lleva a la repetición y el agotamiento. Ver un mismo lugar desde las perspectivas de los dos personajes, en dos momentos distintos, separados por el tiempo, le aporta mucho más al espectador.

    - Narrador desmemoriado. Cuando el narrador reconoce no recordar sucesos que vemos grabados y que él protagoniza, crea una sensación de inquietud. Sabemos que ya no nos podemos fiar de él, y no sabemos hasta qué punto el material ha sido manipulado, incluso la realidad misma.

    - Investigación. Las interrupciones del narrador, revelando detalles que nos podrían pasar desapercibidos facilita la interactividad con los vídeos al sugerirnos que hay multitud de detalles que pasan inadvertidos al principio, y que pueden pasar igualmente para el narrador. Además, la investigación que se va convirtiendo en la trama principal termina en un punto muerto cuando el narrador decide “I don’t want to know the answers anymore” pero resulta demasiado tarde. No conoceremos la realidad, pero los efectos que se han desencadenado ya no tienen marcha atrás.

    - Geometría espacial y desorientación. Si ya el bosque es un sitio lo suficientemente desorientador como para generar angustia, ya no hablemos del hecho de encontrarnos con una casa que parece que cambia constantemente, con una puerta que no lleva a nuestra habitación como antes o un personaje que se teletransporte y nos teletransporta a voluntad.

    - Medicamentos. La ingestión de medicamentos nos avanza tanto la locura de los personajes como nos perturba por desconocer cuales son y qué efecto tienen. El componente farmacológico, que tiene algo de dependencia y de alucinatorio apoya con contundencia una trama como esta.

    - Dibujos. Muy habitual de las películas de terror. La idea de que uno de los personajes dibuje, con trazo infantil, aquello que no puede describir, aquí tiene un sentido similar al de un amuleto o una alerta antes que un intento fallido de representar lo que ha perturbado al emisor.

    - Amenaza monstruosa. (ver “The Slender Man como criatura”).

    - Agua. En principio, algo tan inofensivo como el agua se convierte en digno de paranoia: nuestro planeta es dos tercios de agua, nuestro cuerpo es un 75% agua, hay agua en todas partes. La relación entre The Slender Man y el agua no está clara, pero desde luego, no nos tranquiliza saber que si existe esa relación, no podríamos alejarnos del agua. En ningún sitio.

    - Muñeco. Otro clásico del cine de terror, los muñecos. Guardan relación con los ídolos primitivos, de ahí que se les adjudiquen propiedades mágicas, como cualquier otra representación de la realidad, por el temor de que, a su vez, sustituyan esa realidad. El término de miedo a los muñecos es pediofobia. Hay un temor infantil a la idea de la imagen antropomórfica que cobra vida en la oscuridad de la habitación, pero su simbolismo, el hecho de que puedan representar una realidad desconocida como The Slender Man, nos afecta igualmente de adultos.

    THE SLENDER MAN COMO CRIATURA

    Hay diversos factores que hacen de Slender Man un personaje inquietante. Vamos a analizar a algunos de ellos:

    - Ausencia de rostro reconocible. Desde su nacimiento, el cerebro humano tiende a centrar su atención en los rostros de las personas que les rodean. Esta atención por el rostro se debe a la búsqueda de factores comunicativos y expresivos en las relaciones sociales. Es conocido que las reacciones de los bebés a lo que leen en el rostro de su madre determinan su conducta ante situaciones que desconocen por falta de experiencia: si la madre se muestra temerosa, los bebés reconocen una situación de peligro, pero si no muestra gesto alguno o no reacciona a los estímulos que el bebé le provoca, esto intranquiliza al bebé, que inmediatamente no es capaz de comprender esa ausencia de respuesta emocional. Como adultos, podemos llevar esto al terreno de lo que se conoce como prosopagnosia, un tipo de “ceguera” ante los rostros, que hace muy difícil el reconocimiento de las personas o la disposición de los elementos de la cara de un individuo a menos que sea por una caracterización muy concreta, como podría ser un lunar o el uso de sombrero.

    - Tentáculos. La extensión de los brazos de The Slender Man se ha relacionado con el hecho de que posea una especie de tentáculos ocultos. La idea de los tentáculos nos resulta perturbadora por varios motivos, como la identificación con ciertos elementos propios de los animales cuya articulación no somos capaces de reconocer ante lo que supone, a nuestros ojos como humanos canónicos, un miembro ajeno al cuerpo. La independencia del miembro no es lo único que nos molesta, si no la habilidad que proporciona: es difícil saber en qué momento podemos estar fuera del alcance de esos tentáculos y cual su extensión, su fuerza o su utilidad.

    - El traje. Su vestimenta nos perturba en parte, por lo cotidiana que resulta. Nuestra idea de algo humanoide adoptando un aspecto, vestimenta o modales exclusivamente humanos nos presenta la idea de una sustitución, de una barata imitación de la humanidad por parte de un ente diferente a nosotros. El hecho de que algo se parezca tanto a nosotros como para abrir un abismo entre su “interpretación” de lo que es un humano y lo que realmente es, resulta muy preocupante. También podemos relacionar su aspecto elegante con la clásica percepción del terror como un sujeto de poder, la idea del noble medieval que poseía pleno derecho sobre sus vasallos es algo de donde nacen mitos como la momia, el vampiro o más explícitamente, el Príncipe de los mitos de Chzo. Hoy en día, situados como clase media, tendemos a identificar el terror como algo que proviene de las clases pobres, de ahí que el mito del zombie tenga más vigencia que nunca.

    - El poder superior. Relacionada con su vestimenta elegante y su aspecto humanoide, podemos decir claramente que The Slender Man no es “de este mundo”, y por lo tanto, representa la idea de un ente más allá de nuestra comprensión. Es una forma tanto de anular nuestros sentidos, que ya no sirven para juzgar científicamente un hecho, como para cuestionar lo que sabemos sobre la realidad. Es algo que interfiere en nuestra percepción y en nuestra mente, y plantea la idea de un mundo por encima del nuestro, de una realidad más objetiva, lo que nos sitúa en un plano inferior y miserable, que desafía nuestra ególatra supremacía como seres inteligentes.

    - Poder de teletransporte. Su habilidad natural para encontrarse en cualquier lugar, en cualquier momento lo hace, literalmente, imparable, impredecible y el objeto ideal para incrementar nuestra paranoia. Sus movimientos suaves y silenciosos, y como parece encontrarse siempre al margen de lo visible, lo convierte en una amenaza indetectable que, por alguna razón, a veces se deja ver sólo con la intención de demostrar que está ahí. En otras palabras: es él quien decide si lo podemos ver o no, y cuando actuar, lo que le convierte en todopoderoso, y nuestras huídas en un juego donde nos hace creer que nos da ventaja porque puede permitírselo. No hay escapatoria y nuestro destino está sellado.

    - Su efecto en las mentes. Parece que The Slender Man no sólo puede convertirnos en paranoicos con el conocimiento de su propia existencia, si no que es capaz de llevar a la gente a la locura. De nuevo, no estamos seguros de lo que percibimos.

    - El valle inquietante. Referido a la ausencia de su rostro, su altura y delgadez, The Slender Man obedece muchos criterios para lo que el ingeniero robótico japonés Masahiro Mori denominó “valle inquietante” refiriéndose específicamente a robots u otras criaturas artificiales, cuyo aspecto se aproximaba tanto al ser humano sin ser del todo humano, que tendíamos a percibirlo como algo desagradable.

    - Aspecto arbóreo. Identificamos el bosque como una frontera entre mundos, algo que David Lynch hizo explícito en los episodios finales de “Twin Peaks”. El bosque nos marca el lugar donde la civilización termina y nuestra mente asocia nuestro pasado animal con la hostilidad de la naturaleza. Es por ello por lo que el bosque, ese lugar donde la desorientación y la ausencia de otros seres humanos, nos produce tanta intranquilidad. El aspecto de The Slender Man, con su altura, delgadez y múltiples brazos extensibles nos trae a la cabeza a un árbol, es más, podría ser un método de camuflaje en un bosque. Es una reminiscencia de temores infantiles que podemos rastrear en todo tipo de cuentos clásicos.

    [Continuará....]

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