
Ví mi primer episodio de “Lost” en el mejor momento posible. Era 2004, vivía en Orense contra mi voluntad, acababa de cumplir la mayoría de edad y trataba de buscarle un sentido a todo. Siempre había encontrado un refugio muy interesante en la literatura de ciencia ficción y terror o los cómics más absurdos, de alguna forma, tenían mucho más sentido que la realidad mediocre que me tocaba vivir. Por eso fue tan especial encontrarme una serie que arrancaba como una gran aventura a la vieja usanza, con su isla misteriosa, sus arquetipos bien modelados, esa jungla que se abría ante nosotros.
El primer episodio de “Lost” que me convenció por completo llegó pronto. Es el tercer episodio, “Walkabout”. El personaje de John Locke se nos presenta entonces como un hombre atrapado en una vida miserable que buscaba tener su momento de gloria, su propia aventura con la que huir de todo. La gran relevación del episodio, el hecho de que se trataba de un minusválido, conectó inmediatamente conmigo tanto por una empatía como por un lado más frío y racional: la estructura elegida por los creadores de la serie se revelaba así sumamente importante para ofrecer una buena dosis de sorpresas y emoción, alimentando el relato con los flashbacks.
A medida que la serie evolucionó, lo hicieron sus métodos. No dejó de sorprenderme, se convirtió en una cuestión de debate personal sobre mi manera de entender la ficción. En “Lost” confluían King, Dick, Clarke, Stevenson, Morrison, Moore, Bioy Casares… cuanto más revelaba la serie sobre sí misma, cuanto más acercaba al tipo de literatura con la que crecí, más me convertía en un defensor fanático. No se trataba de Locke o de Jack, no se trataba de la complicidad que se generaba en esas salidas nocturnas encontrando por casualidad a alguien con quien discutir el episodio de la semana anterior. Se trataba de que “Lost” correspondía a toda una forma de entender la ficción, y cuando me quise dar cuenta, ya había elegido dedicar mi vida a ello.
6 años más tarde, las cosas son distintas para mí, “Lost” ha terminado y la casualidad ha querido que el episodio final me haya sorprendido en otro momento de cambio. Podría decir que no es casualidad, pero ese no es el debate. Hace seis años me subí al mismo avión que esa gente y ahora he crecido como Walt, he engordado como Hurley y tengo tantos problemas para afeitarme como Jack. De momento no hay perspectivas de que me vaya a quedar tan calvo como Locke.
Todo lo que podría explicar aquí no tendría mucho sentido. Van a encontrar reflexiones más sabias sobre el final de la mano de gente mucho más preparada que yo, van a encontrar defensas sobre este artefacto narrativo con mayor base de la que mi ignorancia me permite; igualmente, encontraran detractores con buenos argumentos para su causa, y sensaciones de indiferencia con la misma honestidad. Por eso no he querido decirle adios a “Lost” hablando sobre que significa esto o aquello, o porqué es mejor o peor, ni siquiera hablar del fenómeno que ha generado.
El final ha dado un debate que es, digamoslo claro, estéril. No importa realmente. Lo único que importa es que he disfrutado de una serie que ha transcurrido, paralelamente al último lustro de mi vida, y que me ha hablado de tú a tú. Eso es lo que he querido devolverle a la serie: quería hablar con ella como una parte de mi ocio, pero también como una influencia latente, como una ‘realidad alternativa’ a mis propias vivencias. “Lost” ha sido una serie de mi tiempo, de mi generación y me alegro de haber hecho el viaje juntos. Ahora solo queda… dejarla ir.
Nos vemos en el otro lado.

Me adhiero completamente a tu reflexión, y a la identificación con las referencias literarias de las que hablas al principio. Se nos acaba una gran serie (con un final catártico y eterno (que durará para siempre)), la única que hizo que volviera a creer en la TV.
Un saludo!
Henrique, échale un vistazo al sexto episodio de la primera temporada (creo que es el sexto). Cuando Jack ve a su padre en la isla (que por cierto, le lleva a los cadáveres de la mujer y Némesis), tiene una conversación con Locke. A esas alturas, Locke ya ha visto al humo negro y a raíz del comportamiento de Jack tras ver a su padre, Locke le dice: “En esta isla pueden pasar muchas cosas inexplicables, he estado en el corazón de la isla y es maravilloso”… ¿Puede que el humo negro llevase a Locke a la cueva de la luz y este supiese su existencia desde el principio?
Es más… en un episodio de la tercera, Locke habla con Mr. Eko y describe el corazón de la isla como una luz blanca.
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